¿Cómo estás? La respuesta necesita ser real

Por Zoraida Robles

La pregunta obligada cuando nos encontramos con otra persona es: ¿cómo estás? y generalmente lo que sigue es un “bien gracias ¿y tú?”

Recuerdo una vez estando en la universidad, alguien me preguntó cómo estaba y me aventuré a compartir que me sentía muy triste, estaba pasando por una situación familiar complicada, no sabía cómo resolverlo y me sentía abrumada. La mirada de la otra persona me lo dijo todo: no estaba preparada para que le compartiera cómo me sentía, era una simple formalidad y muy probablemente no estaba tan interesado en mi respuesta. 

Fue cuando aprendí que las demás personas no están obligadas a interesarse por cómo me siento. Es muy hermoso encontrar en tu camino a personas quienes se interesen por ti, y procuren tu bienestar. Sin embargo, la única persona quien sí está obligada a realmente interesarse por cómo estás eres tú misma. Seguramente lo lees y es algo muy obvio. Me gustaría preguntarte si lo haces hoy, si eres congruente con esto. 

Llevamos más de seis meses en pandemia y estoy segura de que no ha sido fácil para nadie. En muchísimos aspectos las vidas de todos cambiaron. Hay quienes se han permitido sentir angustia, llorar, compartir, enojarse, es decir: vivir plenamente sus emociones a través de reconocerlas y sentirlas sin juzgarlas. Hay quienes simplemente las han bloqueado. 

El mundo de las emociones es algo que me apasiona y que durante mis primeros treinta años de vida fue muy complicado habitar, porque no entendía cómo funcionaba y me juzgaba muchísimo por mis emociones. Lo que aprendí hace algunos años es que mis emociones son mías y son la evidencia de lo que está sucediendo en mi mente y mi corazón con una mezcla del exterior. 

Lo importante de las emociones es que podamos darnos cuenta qué sentimos. De hecho, es una de las cuatro habilidades de la inteligencia emocional: percepción emocional. Al momento de percibirlas podemos “darles su lugar”. ¿Alguna vez te sucedió que estabas muy molesta o triste o enojada por algo y fuiste la última persona en darse cuenta? Es decir, alguien más te dijo algo como “sé que estás enojada, porque…”

Hoy quisiera pedirte que hagas un ejercicio donde reflexiones acerca de cómo te has sentido los últimos meses. Cuida no juzgarte, no censurarte. Solamente regálate la oportunidad de identificarlo. Después trata de facilitar emocionalmente tu pensamiento, por qué te sentiste así, cuáles fueron los factores internos y externos que te hicieron sentir de esa manera. Algo curioso que nos sucede con las emociones, es que a veces minimizamos el valor que le damos a las cosas. Es decir, cada persona tiene valores muy bien definidos: la mayoría vienen inculcados desde la familia, la cultura, las amistades. Para algunas personas es el respeto, para otros el amor, la justicia, etc. Cuando alguien o algo lastima ese valor que es importante para mí: surge una reacción emocional importante. Cuando yo misma no tengo claro cuáles son los valores a los que le he asignado importancia en mi vida: resulta muy fácil caer en crisis. Pero muy probablemente no estaré cuidando esos valores ¿Cómo puedo cuidar esos valores? A través de establecer límites, de ser congruente y alinear mis actos con mis valores.

Una vez que has hecho eso, puedes comprender emocionalmente lo que está sucediendo en ti. Entender de dónde viene lo que sientes, cómo se relaciona contigo, con tu historia personal. Aquí es cuando sin juzgarte te das cuenta de las cosas.

La última herramienta es la regulación emocional en donde nosotras elegimos qué hacemos con esa emoción: la vivimos, la transformamos, la agradecemos. Aquí es donde tenemos el poder de cambiar nuestras reacciones, dependiendo de lo que queremos para nosotras. 

Lo importante es que hoy puedas hacer lo que necesitas para estar mejor, puede resultar muy útil para ti crear una red de apoyo: esas amigas, familiares cercanos que sabes que están ahí para ti cuando las necesites. Incluso preguntarte si tú hoy estás siendo la red de apoyo de alguien. 

Te dejo un ejercicio que espero que hagas: frente al espejo pregúntate cómo estás. Espero que seas totalmente honesta, te permitas conectar con tus emociones y sobre todo, elegir lo que consideres mejor para ti. Me encantará que me compartas cómo te fue con el ejercicio, si te gustó, si pudiste hacerlo a profundidad y qué descubriste sobre ti misma. 

Nos leemos pronto.

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