Maternidad, un concepto cambiante

Por Alejandra Govea

¿Alguna vez has escuchado a alguna mujer afirmando que ser mamá es lo mejor que le ha pasado en la vida? O, ¿que estar embarazada es una de las bendiciones más grandes que puede tener una mujer? Seguro tú que lees esto, alguna vez te has topado con un caso así, o incluso has sido esa persona que lo grita a los cuatro vientos. Sin embargo, déjame decirte que para un 9% de las mujeres embarazadas, al menos en Estados Unidos (Clay, 2016) esta etapa de la vida queda lejos de ser un periodo lleno de dicha.

Por supuesto, esto no significa de ninguna manera, que ese pequeño porcentaje de mujeres sean por definición “madres desnaturalizadas”. En absoluto. Para sustentar lo anterior, me parece interesante primero revisar qué es lo llamado “natural” detrás del concepto generalizado de maternidad. Según las normas culturales, especialmente en un país como el nuestro y en la mayoría de los contextos latinoamericanos, la maternidad es una característica inherente a aquellas personas identificadas por el género femenino, viéndolas como cuidadoras, protectoras, dadoras de alimento y sobre todo, amor. Es más, tómate unos segundos. Piensa en tu propia madre o bien, en la figura materna que tengas en mente y te aseguro que le otorgas alguno de los adjetivos positivos anteriores. Si al contrario, te das cuenta de que esta figura fue totalmente lo opuesto y que tuviste de madre a la versión femenina de Luisito Rey, es básicamente porque la cultura y el contexto así te lo han hecho ver. Para la sociedad, la maternidad se divide entre buena o mala. No existen matices de grises en este aspecto.

Antes de formar un juicio tan extremo, debemos entender que las madres son personas y por lo tanto, distan de ser la figura mítica de la madre buena y abnegada que las diversas religiones nos han inculcado implícita o explícitamente desde la infancia. Por esta razón, cuando las acciones y pensamientos de una mujer difieren de lo que culturalmente se ha establecido para este papel materno, sentimientos como la culpa, frustración, tristeza y ansiedad aparecen en ella, creando un conflicto emocional del que, en ocasiones, no se puede ni hablar. El hecho de sentir ambivalencia por la maternidad (estar feliz y sentir rechazo al mismo tiempo) es un tabú que aún pesa en la sociedad hoy en día.

Las mujeres que identifican plenamente estos sentimientos —o incluso en ocasiones cuando ni siquiera lo han hecho consciente—se enfrentan al rechazo sistemático de otras mujeres madres que no opinan igual, al de sus propias parejas e incluso de las instituciones que difícilmente entienden que cada persona tiene diversos mecanismos para lidiar y enfrentar las situaciones vitales lejos de lo establecido socialmente.

Claro, habrá quienes disfruten de ejercer una maternidad en la forma tradicionalmente conocida y está bien. Por otro lado, hay mujeres que deciden redefinir su propio concepto de acuerdo con los recursos emocionales, psicológicos, económicos e incluso biológicos con los que cuenta y también está bien.

En ocasiones, este proceso de reconciliación con el concepto propio de maternidad tiene lugar antes o durante el embarazo, lo cual, desde el punto de vista de especialistas tanto en Psicología como en Obstetricia, ayuda a reducir la probabilidad de presentar Depresión Posparto, Estrés y Ansiedad. Recordemos que estas son condiciones multifactoriales, causadas no únicamente por las modificaciones directas a nivel bioquímico u hormonal en el cuerpo durante este periodo (Nicholson, Setse, Hill-Briggs, Cooper, Strobino y Powe, 2006), sino también por factores psicológicos relacionados a la identidad de la mujer, a experiencias traumáticas durante partos previos o al sentimiento de insuficiencia frente al nuevo reto que significa el cuidado de un ser humano, tal como lo afirma la psicóloga Malina Spirito (Citada en Clay, 2016). Incluso factores sociales como el estigma hacia madres mono y homoparentales, así como el deficiente apoyo de la pareja y la red familiar están asociados a la prevalencia de estas condiciones psicológicas en el embarazo y el puerperio.

Es por lo anterior que el acompañamiento de un especialista en el ámbito de la Psicología antes, durante y después del embarazo, resulta tan importante como la intervención del equipo de Ginecobstetricia durante este periodo. No sólo el cuerpo debe prepararse a través de vitaminas, alimentación adecuada y ejercicio, sino que, incluso este nuevo ser debe “nacer” como concepto en la mente de la madre, propiciando de esta manera que el vínculo afectivo de ambos logre fortalecerse a partir de este momento, para dar paso a una maternidad positiva, libre y deseada.

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