Perdón y gracias

Por Daphne Munguia

Año 2018, perdón por desear que ya te acabaras y pretender enseguida que volviéramos a empezar, como si no me hubiera quejado de ti.

Perdóname también porque a veces, mi única motivación son los fines de semana para quedarme en casa durmiendo.

Perdón por estar más al pendiente de que mi celular no se quedara sin batería, que por disfrutar ese café en compañía.

No sólo me sucede este año. Por lo tanto, no eres tú, soy yo.

Lo reconozco, a estas alturas estoy más ansiosa que al principio. Aunque esta vez, preciso agradecerte por lo que me compensaste: me he vuelto tolerante al llanto de bebé; porque esta vez sí, cumplí ese propósito que había estado esquivando desde años anteriores; porque en el edificio al que me mudé, se aceptan perros; porque renové mi fe hacia mis vecinos y mejoramos nuestra comunicación cuando coincidimos en el elevador; porque los chilaquiles ya no se me queman; por las llamadas de Feliz Cumpleaños recibidas que me hicieron sentir cerca de casa; porque no me he resfriado; por lo viajes de placer no planeados (suspiros y nostalgia). ¡Ah, y gracias también por La casa de las Flores!

Sigo convencida de que el tiempo se ha vuelto una forma cortés de explicarlo todo. Si tienes presente que me quejé muchas veces, se trataba sólo de un mal impulso.

Gracias por todas las “segundas” oportunidades que me diste. Aunque sé que no volveremos a coincidir, brindo por el gusto y porque sí se hizo la carnita asada.

Gracias siempre.

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